Otra mortal de pelos

noviembre 26, 2013

Hace un par de años escribí una reseña de una película que me obsesionó por un breve tiempo. Se trata de Ekusute, largometraje de terror japonés en el que, en un argumento brillante a mi entender, el malo de la película, el monstruo innombrable, el sujeto temido de otro mundo no es otra cosa que un manojo de extensiones de cabello.

Fantástico, pensé en ese momento. Los japoneses son bárbaros y cuando parece que está todo inventado, se les ocurre una película con extensiones asesinas.

Imaginen mi sorpresa al encontrar un corto, ahora tailandés, con similar argumento. Se trata de 3AM, un film lanzado en 2012 con tres historias en las que el horror sobrenatural se desata a esa hora, “cuando los fantasmas tienen más poder”.

Aquí también ocurre, con menos brillantez, el robo de su cabello a un cadáver brutalmente asesinado. Así, una maldición desembarca otra vez en una pequeña peluquería. Concluyo que los orientales no estaban tan obsesionados con sus ojos como demostraban en el animé y algunas películas como “El grito”, sino que pusieron el foco en el cabello. No es para culparlos, el pelo de las orientales suele ser infaliblemente lacio, sedoso, permeable a cualquier cambio o peinado que estas decidan lucir.

Otra obsesión en esta y otras pelis del rubro es la necrofilia. Con lo exitosos y naturales que pueden resultar esos pagos para crear leyendas y mitos milenarios donde apoyar creíblemente un contrato de lectura con el espectador, igual prefieren estos autores ir de lleno al morbo cadavérico. Una morgue en cada estreno.

En fin, en 3AM recaen también en algunos vicios de las pelis yanquis: el grupito de chicos cool carilindos que inevitablemente deben morir de formas horribles para que la historia avance, rivalidad entre hermanos, padres ausentes, overkill (gente que sigue pataleando y gritando después de recibir varios balazos o puñaladas), etc. Lo que van ganando en experiencia y calidad me parece que se pierde en originalidad.

Dicho esto, qué queda por decir del terror argentino…. nada, brilla por su ausencia y no pasa de ataques zombi a los supermercados en protesta por la inflación. La semana pasada incluso le pregunté al encargado de una conocida librería si podía recomendarme un libro de terror que no fuera de Stephen King y no supo qué responderme. “Hay que escribirlo”, le dije.

Los japoneses, chinos, tailandeses, coreanos se enamoraron del género “terror teen” y le sumaron el estilo en el que si son expertos indiscutidos: la tortura. Abundan muertes violentas pero atípicas, originales, a las que se agregan asesinos sádicos con mil trucos para llegar al mismo objetivo, pero tomándose su tiempo. Otra que gangsters y mafiosos. Creo que hasta “Harry el Sucio” frunciría.

Aunque también en estas películas hay dos contrapuntos con lo anterior, y una gran diferencia respecto del cine al que estamos acostumbrados: lo sagrado de la familia –en especial el respeto a los mayores- y lo valioso del amor, en un formato ni zarpado ni meloso. Casi como un descubrimiento.

En Youtube se encuentran uno tras otro estos éxitos completos, con subtítulos en inglés. Si quieren empezar por algún lado les recomiendo un par de títulos que vi en estos días y que respetan el patrón: puros secretos familiares y maldiciones ancestrales, como debe ser para no caer en la simplista explicación psicológica de la escuela de ficción occidental. En esta selección no hay tortura y si, son todas de teens. Para morirse de miedo y de risa nada más.

“Ghost child” – Una adolescente comienza a experimentar sucesos sobrenaturales tras la muerte de su madre y después de conocer a la nueva (y joven) novia de papá, que viene además con “sorpresita”.

“La maldición de los abandonados” – Un grupo de universitarios se propone conocer una vieja mansión con un embrujo de amor, que es mencionada en un popular “best seller”. El escritor, responsable por revelar este secreto al mundo, emprende la tarea de rescatarlos. Pero la fallecida “dueña de casa” se empeña en castigar a quienes no superan la prueba de amor, a quienes engañan o lo dan por sentado. Una ídola.

“Alguien detrás de ti” Una exitosa joven presencia como sus familiares y amigos intentan uno a uno asesinarla y se apoya en un compañero de estudios, acusado de haber matado a su padre, quien también parece ser víctima de una maldición (un poquito demasiado, ¿no?). Acá hay mucha -pero mucha, muchísima- sangre, con trocitos de cosas flotando, mensajes premonitorios a través de sueños, secretos familiares, todo el combo y envidia de la buena fortuna fraternal, algo que en las culturas exitistas puede llegar a ser motivo de muerte.

Mas info:
Audition: el peligro eterno de la mosquita muerta
Malditas extensiones japonesas


Reencuentro en el kiosko

agosto 12, 2013

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Deben haber pasado casi unos dos años de aquel café en el que un ex editor me dijo que se iba de la revista en la cual yo había publicado –para no decir “algunas notas”, lo que seria decir demasiado- unos extractos sobre lujo, moda, y turismo, todo combinado en poco más de mil caracteres (si, no exagero)

Por esas vueltas que da la vida, había arreglado que algunos post de mi blog de moda, fueran publicados con el correspondiente crédito en una revista de turismo, dedicada a un público bastante selectivo y con muy linda calidad de imagen y diseño. También tuve la chance ahí de asistir un poquitito en lo que fue mi primera producción de moda internacional, ya que se realizó en Chile.

A él no le gustaban para nada estos arreglos. A mi tampoco me gustan, pero en este caso prácticamente no me insumía nada, me sumó un par de puntos al CV y algunos lectores a AmolaModa. Pero claro, los periodistas nos manejamos con otros criterios que en esta industria muchos dueños y emprendedores consideran hasta mala palabra. Y “trabajo ad honorem”, “canje”, son palabras que les suenan bárbaro.

Este editor se iba, según me contó, a empezar un proyecto en el que esas cosas no iban a pasar. Las colaboraciones se pagarían, las notas serían notas y no “extractos”, y los periodistas laburarían de lo que son, de periodistas, nada menos. Tenía también otro anhelo, si mal no recuerdo: que los chicos que empezaran su carrera y quisieran verdaderamente especializarse en turismo tuvieran un lugar para escribir seriamente de este tema.

La idea era además traer, luego de tener algunos títulos propios, revistas extranjeras de muy buen nivel, que no hubieran llegado al país. Un proyecto bastante ambicioso del cual, admito, descreí un poco. Sin embargo, no dejé de enviarle una lista de títulos que encajaban con el perfil que esta nueva empresa estaría buscando.

“Quedemos en contacto” fue el cierre de ese café, que como tantos otros deriva en el olvido. Yo acepté ese laburo de “periodismo full life con firmado” del cual les hablé alguna vez. A él no lo vi mas, y al desvincularse de esa revista de turismo, tampoco me quedó forma de contactarlo, aunque guardo con cariño esas revistas tan bonitas, con paisajes que nunca voy a conocer y extractos de una moda que esta en destinos ajenos.

Si me acordé de este editor hace pocos días, un martes, cuando en Radio Mitre Marcelo Longobardi y Jorge Lanata hablaban de por qué habían ganado sus sendos Martin Fierro por conducción y labor periodística. Concordaban –si, estos dos hace un tiempo que concuerdan, por extraño que suene- en que a ambos les tocó la suerte de trabajar en una época en la que los dueños y directores de los medios informativos eran periodistas.

Sin añorar una época que no conocí, tantas veces me encuentro pensando cuan distintos somos nosotros empleados periodísticos de las personas que dirigen y determinan nuestro trabajo, con criterios que no son los nuestros. Cuán difícil es hacerles entender cual es nuestra labor, nuestra responsabilidad, nuestra ambición y nuestro orgullo. Más aun, cuán difícil es que a aquellos que lo entienden, además les importe.

Como yo me río de la “mentalidad MBA” de los ejecutivos que me toca entrevistar, me los imagino a ellos riéndose de pibes como yo que escriben como máquinas por dos mangos la hora en una industria que los condena a la precarización.

Somos un número mas, una firma que puede ser mas o menos costosa, pero siempre reemplazable. El criterio editorial fue desplazado por el hastag del día. Así se determina qué es noticia. Y quienes utilizan otro criterio, los medios que dirigen los periodistas, parecen destinados al fracaso comercial.

¿Qué habrá sido de aquel editor, con sus sueños de una publicación que respetara la profesión, que buscara hacer medios de calidad? Hoy encontré el nombre de aquel viejo conocido que parecía tener sueños más ambiciosos, en el staff de la nueva revista Billboard Argentina. Se cumplió, por lo que veo, la idea original y la editorial cuenta con dos títulos de turismo, uno de golf, entre otros.

En la tapa de la primera edición, Charly García. Y adentro recomiendo la nota sobre John Mayer, un artista que conocí hace muy poquito por una recomendación en Twitter.

Claro que la revista trae lo mejorcito de la edición americana, y se complementa con algo de contenido local. Pero bueno, así lo hacen todos los títulos que llegan a la Argentina. Más aun, en algunas revistas de mi rubro tenemos que contentarnos con que la porción “local” se componga de noticias de México o España.

A veces la vida te sorprende. Bienvenida Billboard, y también los periodistas sin ganas de bajar los brazos.


Una historia de mi vida partida

marzo 25, 2013

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Esta es una historia que sería más adecuada para mi blog de moda. Pero dado que Dattatec perdió mi base de datos y que todavía estoy trabajando con un programador para tratar de resolverlo, decidí volver a estas páginas que permanecieron intactas desde 2009 y a los pocos pero fieles seguidores que tuvo en su momento CenC.

El 13 de marzo 2013, tras un día y medio (sinceramente) de debate y creo que tres votaciones, un conjunto de excelsos cardenales católicos de la Iglesia apostólica romana eligió un nuevo líder. Desde la pantalla de un LCD de los tres que tenemos en la redacción, esperaba ver salir de entre una cortina roja al nuevo Papa electo en reemplazo del renunciante Benedicto XVI; y una sola cosa era segura: quien fuera que saliese de entre ese manto sería adorado al instante como supremo de millones y millones de cristianos alrededor de mundo.

Fue indescriptible la reacción de toda la sala cuando ese hombre chiquitito y francés que oficia de mayordomo en el Vaticano mencionó la única palabra entendible de su discurso en latín: Bergoglio.

Un grito de “No” y de gente desesperada e impávida mirando la TV se alzó en la habitación en donde unos 20 periodistas relevamos noticias (mientras en el resto del grupo se debate sobre libros, tecnología, redes sociales, psicología y una vida espiritual que poco tiene que ver con lo que sucedía en el Vaticano). Lo vimos salir al ex cardenal porteño al balcón con cara de feliz cumpleaños, diciendo “Buonanotte e buon reposo”, como si estuviera saludando a los invitados de una fiesta cuando van de salida.

Y creo que la preocupación no pasó por el futuro de la Iglesia cristiana ni por el hecho de tener a un argentino en la historia como el primer Papa del Nuevo Mundo, sino por la cantidad de cables y notas que había que hacer rápido. Para el resto del mundo había cambiado la historia, para nosotros, cambió el día y los planes de notas de esa tarde se pasaron para la siguiente. Es la cruz de la inmediatez que lleva impregnada la noticia y que cargan los periodistas, incluso los católicos.

El nuevo Papa tuvo la gracia de darse a conocer un ratito después de que terminara mi horario, así que pude disfrutar del momento sin tener la urgencia del oficio. Pero como tenía que hacer tiempo me quedé en mi puesto, relevando los primeros “tuits” que aparecieron mencionando al rebautizado Francisco. Porque después de todo, el mejor lugar para estar cada vez que cambia la historia, es una redacción periodística.

Minutos antes de esta vuelta de página había mandado a imprimir la invitación a un evento de una reconocidísima casa jeanera que presentaba esa tarde su colección de invierno 2013. Desde hace poco más de un año tuve que despedirme de la vida de blogger de moda que llevé religiosamente durante seis años, a manos de un trabajo periodístico “full life”. Pero esta marca había tenido la amabilidad de hacer su evento en Defensa al 200, por donde paso caminando todos los días de regreso a casa, y no pude negarme ante tamaña coincidencia.

Antes de salir para la presentación, el comentario de una diseñadora me anticipó lo que venía casi proféticamente (un día místico por completo). “No entiendo la excitación de éstos”, me dijo señalando a los periodistas que aceleraban para levantar la mayor cantidad de cables y fotos posibles. Y si, es que inevitablemente el diseño y la noticia parecen mundos divorciados en la mayoría de los casos.

Del viaje en subte emergimos una cantidad de mortales por la boca de la línea D, que termina nada menos que frente a la Catedral de la Ciudad de Buenos Aires. “Viva el Papa”, gritó una voz femenina en la entrada a las escaleras. “Viva el aborto” respondió otra mas desubicada aun, apañada por el anonimato de la muchedumbre, que no respondió “Viva” como si hicieron con el primer alarido.

Sólo un par de señoras con la bandera argentina y la de la Iglesia y algunos jóvenes se habían reunido ya en las escalinatas de la Catedral. Se veían más cámaras que personas. Yo saqué un par de fotos con mi celular, porque para algo el destino me había llevado a ese instante, y caminé unos pasos hacia Defensa como todos los días, pero enfundada en mi personaje de blogger de moda.

La suerte dispuso que subiera en el ascensor con una prominente periodista de moda de una revista de nombre francés y una ex editora de una publicación femenina local (esa que creo que me odia).

En silencio me dirigí a una muestra de arte de inspiración asiática que había montado la marca en homenaje a su nueva colección y la examiné con atención por respeto a la artista, aunque no me gustó.

Luego subí unas escaleras hasta donde se ubicaba el salón con gente tomando tragos al aire libre al borde de una pileta, pantalones de jean colgados de los techos y el espectáculo mas horrible: modelos femeninos y masculinos parados en pose en distintos puntos del salón sin poder abandonar su puesto, como estatuas o monigotes que debían quedar inmortalizados (pero bien vestidos) tal como si fueran una foto de campaña, para que nosotros los miremos y evaluemos como si fueran un cuadro. No entiendo por que las marcas consideran esto atractivo.

Pero la gente linda hablaba muy animada sobre las próximas ediciones “de colecciones”, comía, escuchaba música, y yo aproveché para pelearme por celular con una agencia de viajes que no conseguía reservarme un hotel en Río para el lunes siguiente. Y este espectáculo sucedió sin sobresaltos a pocos pasos de donde se celebraba o protestaba uno de los hechos más importantes de la historia argentina reciente.

Un evento así puede suspenderse o complicarse por lluvia, pero no por un acontecimiento de relevancia mundial. Nadie que pensaba asistir dejó de hacerlo para cubrir la noticia. El absurdo de la situación fue tan indescriptible que pese a haber sido parte de ella no encuentro las palabras para expresar lo vivido.

Para la hora que terminé de pelear con la agencia de viajes, justo encontré una blogger de moda brasileña a quien pude pedir consejos para mi viaje mientras las dos caminamos por Defensa y ya no se escuchaban los “Viva” de nadie.


Ser un niño de verdad

noviembre 14, 2009

“I’m a corporate puppet, and I’m gonna need more string so I can keep beliving I’m gonna be a real boy someday”. (Soy una marioneta corporativa, y voy a necesitar más cuerda, para seguir creyendo que vy a ser un niño de verdad algún día)

La frase magistral es de Dick, el personaje de Jim Carrey en “Las Locuras de Dick y Jane” en el medio de un bar al mejor estilo “club de caballeros” donde él se burla envidioso de los ejecutivos que se juntan allí a hacer negocios.

La película es simplista, llena de lugares comunes y sobreactuaciones de Carrey, que hace buena pareja con Tea Leoni (Jane), quien por otra parte fue junto con David Duchovny de las parejas preferidas de Hollywood (algo que ya no les importa ni a ellos).

En medio de tanta escena cómica, esta frase pasa desapercibida pero es muy fuerte. Y no es casual. Después de todo el humor es una forma de desvío por la cual podemos soportar la realidad en la que vivimos, levantarnos todos los días e ir hacia donde el pupet master nos conduzca.

No hace falta ser ejecutivos o trabajar en corporaciones. Todos de una forma u otra hacemos lo que hacemos como burros siguiendo la zanahoria que nos ponen delante, o mejor dicho que nos ponemos por delante, porque tan burros somos que hasta nos creemos jinetes.

La frase me hizo acordar a un video que el profesor y sociólogo Pablo Alabarces mostró esta semana en clase:

Miren por favor el detalle de la mano izquierda frenética

Más allá de la parodia y el grotesco exagerado, todos tenemos de vez en cuando ataques de ira (momentos de lucidez quizás) en los que nos damos cuenta de estas cosas. El alcohol o las pastillas para calmar esta furia vienen en variadas formas y colores.

Nunca coincidí con Marx en que “la religión es el opio de los pueblos” –creo que la religión puede ser opresiva o liberadora- sino que hay diversos tranquilizantes en distintas épocas y otros eternos, llámense dinero, vacaciones, ascenso, falso prestigio, amor, vocación, consumo… acepto ofertas; ¿cuál es tu somnífero?

Más info:
Peter Capusoto
Fun with Dick and Jane


The best thing that hit the web since porn

octubre 12, 2009

It’s called WordPress
It’s my CMS
It’s the best thing that hit the web since porn.

Se llama WordPress
Es mi Sistema de Gestión de Contenidos
Es lo mejor que salió en la web desde la pornogafía.

Quién dijo que los geek no pueden ser creativos? Que este sea el nuevo himno en Wordcamp.

Visto en e-periodistas


El Proyecto

septiembre 6, 2009

Este es el proyecto de Ley de Radiodifusión presentado por la Presidenta de la Nación Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, a través del Interventor del Comfer, Licenciado Gabriel Mariotto, en el Congreso de la Nación el 27 de agosto del 2009.

Confieso que no tuve tiempo de leerlo en detalle pero me interesaba difundirlo por este medio para aquellos que puedan estar interesados en darle una ojeada.  Por lo tanto no puedo aún opinar del proyecto de buena fe.

Si debo confesar que la rapidez con la que quiere tratarse esta ley en el Congreso para hacerlo con mayoría oficialista no me inspira mucha confianza. Por otra parte, las ganas de la oposición de dilatar la desición tampoco.

Luego de que uno de los primeros actos del gobierno de Néstor Kirchner fuera modificar el polémico artículo Nº 45 con una mano mientras con la otra -cual mago experto-  polongaba por 20 años las licencias de radiodifusión de las principales señales, es claro que cualquier ley de radiodifusión de este gobierno será debido a la coyuntura mediática actual y por lo tanto, cortoplacista.  Esa movida dejo el escenario de dos de los soportes principales de información -radio y TV- sin cambios durante dos décadas, potenciando el oligopolio mediático de Buenos Aires. ¿Debemos confiar entonces esta ley a la gestión actual?

Creo que mientras como centro del debate mediático se discuta el falso “fútbol grátis” -al que los periodistas se han prendido como moscas a la miel-  no estarán dadas las condiciones para el trato en serio de una ley de radiodifusión que promueva un uso democrático de los medios de comunicación.  


Writer, Ghost Writer

agosto 12, 2009

20070526150130-fantasma

Ante todo me presento: Paulita Krizanovic, 26 años recién cumplidos y no asumidos (aún) estudiante eterna de comunicación social en la universidad más absurdamente sobrevaluada del país, aspirante en construcción a periodista y of course, ghost writer.

Dejando de lado las introducciones James-Bondianas, hace unos días, conversando con un ex jefe me enteré, a casi dos años de tener el mismo trabajo,  que el término técnico -¿poético?- para la actividad que desempeño es “ghost writer”. ¿Despistada? Quizás. Hasta ahora me había autodesignado (autoinventado, como hace todo el mundo) “periodista invisible”. No estaba tan lejos del término inventado socialmente.

Según mis fuentes, es cada vez mayor la cantidad de libros que no son escritos por quienes los “autorean” (¿inventé otra palabra?). Mis compañeras de trabajo y yo hacemos lo propio pero en periodismo. Para colmo, de a poquito voy conociendo más y más periodistas con team propio, y más editores a los que esto les viene bárbaro.

No puedo decirles lo malo que puede ser para el autoestima trabajar de fantasma invisible. Esto teniendo en cuenta que el trabajo, y no lo digo yo, es la forma en la que nos insertamos en la sociedad, nos hacemos un lugar en la cadena de sentido. Pero esto –que no es para exagerar- suele de repente aparecer como “grave” cuando te toca cruzar la barrera de los 25 hacia el otro lado y te pega peor que las canciones que escribió Sabina cuando estaba deprimido (que son las más deprimentes que conozco).

Claro que quienes leen el blog saben que yo no escribo historias deprimentes (para eso está Sabina que lo hace bien). Y a esta altura se habrán dado cuenta de que este texto tiene final feliz, ya que está especialmente escrito para los escritores fantasma invisibles.

Como fan de las películas de terror y sangre que soy, no puedo más que sentirme contenta por pertenecer por fin a alguna especie sobrenatural como tantas hay. Por caso, vampiresas chupasangre –hoy conocidas como “botineras”- mutantes devenidos en bellezas exóticas que adornan las pasarelas de moda, y finalmente políticos, punteros, dirigentes de clubes de fútbol, policías y otras yerbas terroríficas.

Los fantasmas me generan una singular atracción luego de haber leído durante el CBC el libro “Los otros”, de una autora cuyo nombre no recuerdo y no pude ubicar. En el libro se incluye a los fantasmas en el grupo de “los otros”, los personajes típicos de la literatura que nunca son protagonistas, y por supuesto, nunca tienen la palabra, no cuentan la historia (les suena?). Y así la autora invita a producir un cambio radical: darle la palabra a los otros, a los marginados, los que han permanecido sin voz. Como verán, un mensaje social más que revolucionario, que trasciende sin duda el ámbito de la escritura, la semiótica o el periodismo.

Y es que las películas de terror, por largas que sean, tarde o temprano terminan. Este es el mensaje que quería dejarle a mis colegas invisibles. Ojalá algunos pasen, comenten, y firmen; dense el gusto de romper el silencio fantasmal y empecemos a cambiar la historia.

Y disculpen aquellos a los que no les gusta el divague semiológico de las 3 de la mañana. Seguiré analizando en el futuro otros términos inventados y reales acerca del periodismo o el mundo académico, pero prometo hacerlo a horas más razonables donde la cabeza funcione como corresponde.