Reencuentro en el kiosko

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Deben haber pasado casi unos dos años de aquel café en el que un ex editor me dijo que se iba de la revista en la cual yo había publicado –para no decir “algunas notas”, lo que seria decir demasiado- unos extractos sobre lujo, moda, y turismo, todo combinado en poco más de mil caracteres (si, no exagero)

Por esas vueltas que da la vida, había arreglado que algunos post de mi blog de moda, fueran publicados con el correspondiente crédito en una revista de turismo, dedicada a un público bastante selectivo y con muy linda calidad de imagen y diseño. También tuve la chance ahí de asistir un poquitito en lo que fue mi primera producción de moda internacional, ya que se realizó en Chile.

A él no le gustaban para nada estos arreglos. A mi tampoco me gustan, pero en este caso prácticamente no me insumía nada, me sumó un par de puntos al CV y algunos lectores a AmolaModa. Pero claro, los periodistas nos manejamos con otros criterios que en esta industria muchos dueños y emprendedores consideran hasta mala palabra. Y “trabajo ad honorem”, “canje”, son palabras que les suenan bárbaro.

Este editor se iba, según me contó, a empezar un proyecto en el que esas cosas no iban a pasar. Las colaboraciones se pagarían, las notas serían notas y no “extractos”, y los periodistas laburarían de lo que son, de periodistas, nada menos. Tenía también otro anhelo, si mal no recuerdo: que los chicos que empezaran su carrera y quisieran verdaderamente especializarse en turismo tuvieran un lugar para escribir seriamente de este tema.

La idea era además traer, luego de tener algunos títulos propios, revistas extranjeras de muy buen nivel, que no hubieran llegado al país. Un proyecto bastante ambicioso del cual, admito, descreí un poco. Sin embargo, no dejé de enviarle una lista de títulos que encajaban con el perfil que esta nueva empresa estaría buscando.

“Quedemos en contacto” fue el cierre de ese café, que como tantos otros deriva en el olvido. Yo acepté ese laburo de “periodismo full life con firmado” del cual les hablé alguna vez. A él no lo vi mas, y al desvincularse de esa revista de turismo, tampoco me quedó forma de contactarlo, aunque guardo con cariño esas revistas tan bonitas, con paisajes que nunca voy a conocer y extractos de una moda que esta en destinos ajenos.

Si me acordé de este editor hace pocos días, un martes, cuando en Radio Mitre Marcelo Longobardi y Jorge Lanata hablaban de por qué habían ganado sus sendos Martin Fierro por conducción y labor periodística. Concordaban –si, estos dos hace un tiempo que concuerdan, por extraño que suene- en que a ambos les tocó la suerte de trabajar en una época en la que los dueños y directores de los medios informativos eran periodistas.

Sin añorar una época que no conocí, tantas veces me encuentro pensando cuan distintos somos nosotros empleados periodísticos de las personas que dirigen y determinan nuestro trabajo, con criterios que no son los nuestros. Cuán difícil es hacerles entender cual es nuestra labor, nuestra responsabilidad, nuestra ambición y nuestro orgullo. Más aun, cuán difícil es que a aquellos que lo entienden, además les importe.

Como yo me río de la “mentalidad MBA” de los ejecutivos que me toca entrevistar, me los imagino a ellos riéndose de pibes como yo que escriben como máquinas por dos mangos la hora en una industria que los condena a la precarización.

Somos un número mas, una firma que puede ser mas o menos costosa, pero siempre reemplazable. El criterio editorial fue desplazado por el hastag del día. Así se determina qué es noticia. Y quienes utilizan otro criterio, los medios que dirigen los periodistas, parecen destinados al fracaso comercial.

¿Qué habrá sido de aquel editor, con sus sueños de una publicación que respetara la profesión, que buscara hacer medios de calidad? Hoy encontré el nombre de aquel viejo conocido que parecía tener sueños más ambiciosos, en el staff de la nueva revista Billboard Argentina. Se cumplió, por lo que veo, la idea original y la editorial cuenta con dos títulos de turismo, uno de golf, entre otros.

En la tapa de la primera edición, Charly García. Y adentro recomiendo la nota sobre John Mayer, un artista que conocí hace muy poquito por una recomendación en Twitter.

Claro que la revista trae lo mejorcito de la edición americana, y se complementa con algo de contenido local. Pero bueno, así lo hacen todos los títulos que llegan a la Argentina. Más aun, en algunas revistas de mi rubro tenemos que contentarnos con que la porción “local” se componga de noticias de México o España.

A veces la vida te sorprende. Bienvenida Billboard, y también los periodistas sin ganas de bajar los brazos.

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