Una historia de mi vida partida

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Esta es una historia que sería más adecuada para mi blog de moda. Pero dado que Dattatec perdió mi base de datos y que todavía estoy trabajando con un programador para tratar de resolverlo, decidí volver a estas páginas que permanecieron intactas desde 2009 y a los pocos pero fieles seguidores que tuvo en su momento CenC.

El 13 de marzo 2013, tras un día y medio (sinceramente) de debate y creo que tres votaciones, un conjunto de excelsos cardenales católicos de la Iglesia apostólica romana eligió un nuevo líder. Desde la pantalla de un LCD de los tres que tenemos en la redacción, esperaba ver salir de entre una cortina roja al nuevo Papa electo en reemplazo del renunciante Benedicto XVI; y una sola cosa era segura: quien fuera que saliese de entre ese manto sería adorado al instante como supremo de millones y millones de cristianos alrededor de mundo.

Fue indescriptible la reacción de toda la sala cuando ese hombre chiquitito y francés que oficia de mayordomo en el Vaticano mencionó la única palabra entendible de su discurso en latín: Bergoglio.

Un grito de “No” y de gente desesperada e impávida mirando la TV se alzó en la habitación en donde unos 20 periodistas relevamos noticias (mientras en el resto del grupo se debate sobre libros, tecnología, redes sociales, psicología y una vida espiritual que poco tiene que ver con lo que sucedía en el Vaticano). Lo vimos salir al ex cardenal porteño al balcón con cara de feliz cumpleaños, diciendo “Buonanotte e buon reposo”, como si estuviera saludando a los invitados de una fiesta cuando van de salida.

Y creo que la preocupación no pasó por el futuro de la Iglesia cristiana ni por el hecho de tener a un argentino en la historia como el primer Papa del Nuevo Mundo, sino por la cantidad de cables y notas que había que hacer rápido. Para el resto del mundo había cambiado la historia, para nosotros, cambió el día y los planes de notas de esa tarde se pasaron para la siguiente. Es la cruz de la inmediatez que lleva impregnada la noticia y que cargan los periodistas, incluso los católicos.

El nuevo Papa tuvo la gracia de darse a conocer un ratito después de que terminara mi horario, así que pude disfrutar del momento sin tener la urgencia del oficio. Pero como tenía que hacer tiempo me quedé en mi puesto, relevando los primeros “tuits” que aparecieron mencionando al rebautizado Francisco. Porque después de todo, el mejor lugar para estar cada vez que cambia la historia, es una redacción periodística.

Minutos antes de esta vuelta de página había mandado a imprimir la invitación a un evento de una reconocidísima casa jeanera que presentaba esa tarde su colección de invierno 2013. Desde hace poco más de un año tuve que despedirme de la vida de blogger de moda que llevé religiosamente durante seis años, a manos de un trabajo periodístico “full life”. Pero esta marca había tenido la amabilidad de hacer su evento en Defensa al 200, por donde paso caminando todos los días de regreso a casa, y no pude negarme ante tamaña coincidencia.

Antes de salir para la presentación, el comentario de una diseñadora me anticipó lo que venía casi proféticamente (un día místico por completo). “No entiendo la excitación de éstos”, me dijo señalando a los periodistas que aceleraban para levantar la mayor cantidad de cables y fotos posibles. Y si, es que inevitablemente el diseño y la noticia parecen mundos divorciados en la mayoría de los casos.

Del viaje en subte emergimos una cantidad de mortales por la boca de la línea D, que termina nada menos que frente a la Catedral de la Ciudad de Buenos Aires. “Viva el Papa”, gritó una voz femenina en la entrada a las escaleras. “Viva el aborto” respondió otra mas desubicada aun, apañada por el anonimato de la muchedumbre, que no respondió “Viva” como si hicieron con el primer alarido.

Sólo un par de señoras con la bandera argentina y la de la Iglesia y algunos jóvenes se habían reunido ya en las escalinatas de la Catedral. Se veían más cámaras que personas. Yo saqué un par de fotos con mi celular, porque para algo el destino me había llevado a ese instante, y caminé unos pasos hacia Defensa como todos los días, pero enfundada en mi personaje de blogger de moda.

La suerte dispuso que subiera en el ascensor con una prominente periodista de moda de una revista de nombre francés y una ex editora de una publicación femenina local (esa que creo que me odia).

En silencio me dirigí a una muestra de arte de inspiración asiática que había montado la marca en homenaje a su nueva colección y la examiné con atención por respeto a la artista, aunque no me gustó.

Luego subí unas escaleras hasta donde se ubicaba el salón con gente tomando tragos al aire libre al borde de una pileta, pantalones de jean colgados de los techos y el espectáculo mas horrible: modelos femeninos y masculinos parados en pose en distintos puntos del salón sin poder abandonar su puesto, como estatuas o monigotes que debían quedar inmortalizados (pero bien vestidos) tal como si fueran una foto de campaña, para que nosotros los miremos y evaluemos como si fueran un cuadro. No entiendo por que las marcas consideran esto atractivo.

Pero la gente linda hablaba muy animada sobre las próximas ediciones “de colecciones”, comía, escuchaba música, y yo aproveché para pelearme por celular con una agencia de viajes que no conseguía reservarme un hotel en Río para el lunes siguiente. Y este espectáculo sucedió sin sobresaltos a pocos pasos de donde se celebraba o protestaba uno de los hechos más importantes de la historia argentina reciente.

Un evento así puede suspenderse o complicarse por lluvia, pero no por un acontecimiento de relevancia mundial. Nadie que pensaba asistir dejó de hacerlo para cubrir la noticia. El absurdo de la situación fue tan indescriptible que pese a haber sido parte de ella no encuentro las palabras para expresar lo vivido.

Para la hora que terminé de pelear con la agencia de viajes, justo encontré una blogger de moda brasileña a quien pude pedir consejos para mi viaje mientras las dos caminamos por Defensa y ya no se escuchaban los “Viva” de nadie.

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