Día del Niño 1

Hoy en Argentina festejamos el Día del Niño. No hace falta que detalle los promenores de este festejo, cada uno de nosotros tiene sus recuerdos sobre este día y sabe qué significa.

Pero hay muchos chicos que hoy están viviendo una situación de guerra, que han tenido que bandanoar sus hogares, si con suerte consiguieron encontrar algún refugio. Hay padres que pasan este día ya sin sus hijos que murieron por algún tipo de vioencia (no hablo sólo de la guerra; el hambre o la falta de cuidados médicos son también formas muy crueles de violencia).

Y hay muchos chicos que salvaron sus vidas pero perdieron a sus familias. Estos serán caldo de cultivo para organizaciones extremistas que en vez de brindar la paz, se nutren del odio construido durante muchos años de violencia y explotan esta bronca para perpetuarla eternamente.

Me pareció oportuno copiarles esta nota de la sección Actualidad de UNICEF, en la cual son los mismos jóvenes los que hablan y cuentan como están viviendo estos momentos.

Jóvenes de Oriente Medio hablan del conflicto en que viven, y de sus esperanzas de paz

Por Blue Chevigny

NUEVA YORK, Estados Unidos, 1 de agosto de 2006 – Omer, una niña de 15 años de edad, vive en Haifa, en la región septentrional de Israel. “Cuando comienzan a sonar las sirenas”, explica, “tenemos aproximadamente un minuto para llegar a los refugios. Generalmente escuchamos explosiones y ecos lejanos. Todo eso da bastante miedo”.

Chloe, de 19 años, vive en Beirut, la capital del Líbano. “Todo ha cambiado mucho por aquí”, explica la joven. “Se nota el miedo en los ojos de la gente. Las tiendas están cerradas y las calles vacías.y casi nadie va a trabajar. Todos se quedan en sus casas mirando las noticias por televisión”.

Julie, de 16 años, vive en Gaza, en el territorio palestino ocupado. “Escuchamos constantemente los ruidos de los aviones cuando bombardean, lanzan cohetes, y así por el estilo. También escuchamos las detonaciones de las bombas. Escuchamos constantemente los sonidos de los combates”.

Las tres jóvenes, así como otras personas de su edad en sus comunidades, describen en entrevistas radiales las sensaciones e imágenes de un verano aterrador en el que no pueden hacer lo que normalmente hacen: ir a la playa, reunirse con amigas y amigos, estudiar o viajar. Todos sufren el trauma constante causado por las explosiones y la violencia que les rodea y se preguntan cómo fue posible que sus países llegaran a esta situación.

“Todos están deprimidos”, comenta Chloe desde Beirut. “Aquí podemos escuchar las explosiones de las bombas. También veo el humo negro y siento el olor. Lo único que podemos hacer es esperar que termine esta pesadilla”.

La violencia creciente que ha castigado a estos países en las semanas recientes ha creado una sensación de caos en la vida diaria de sus pobladores más jóvenes. Los niños, niños y jóvenes sufren de manera desproporcionada los efectos de la guerra que les rodea.

Desde Haifa, Omer comenta la tensión que siente cuando está en sitios donde hay mucha gente, y explica que vigila con recelo a las personas que le rodean. “Me da rabia ser tan recelosa”, se queja. “Me da rabia tener ese mecanismo de defensa”.

En Gaza, Julie siente un gran desaliento. “Aquí no tengo futuro”, dice. “Siempre estoy pensando qué voy a ser cuando crezca, adónde iré. Me gustaría ir a un sitio donde pudiera disfrutar de la seguridad y la libertad, y donde la gente no tuviera que estar pensando constantemente en la guerra. Lo que quiero es vivir en paz”.

Cuando se escucha a estos jóvenes de Gaza, el Líbano e Israel que describen los cielos cubiertos de humo, que cuentan cómo deben correr hacia los refugios antiaéreos y que dicen que este verano no tendrán oportunidad de ir a nadar, se percibe que las similitudes entre ellos son mucho más notables que sus diferencias. Lo más importante que tienen en común es que se trata de personas jóvenes, en vísperas de la edad adulta, preguntándose si están condenados a una vida de miedo y peligro, o si podrán disfrutar de una existencia en paz.

“Pienso constantemente en las chicas de 16 años del Líbano, en qué estarán haciendo, y si estarán pensando en las chicas de 16 años de Israel”, explica Omer desde Haifa. “Ahora, cuando pensamos en el Líbano, pensamos solamente en Hezbolá, no en las personas comunes y corrientes que viven en ese país”.

Las palabras de Omer y los demás jóvenes de la región sirven para recordarnos que detrás de la política los conflictos armados hay niños, niños y adolescentes que quieren y tratan de crecer en paz, y que no pierden las esperanzas de un futuro mejor”.

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UNICEF

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